Mi frutero sí sabría tratar al turismo

Como cada mañana de viernes, el puesto del pescado estaba instalado en la plaza y, por primera vez, me he acercado hasta él pensando en llevarme a casa algo del delicioso pescado ahumado que se puede encontrar en Dinamarca.

Me he ido de allí con dos filetes de caballa ahumada, la sonrisa que se le pone a uno cuando le han atendido con amabilidad y un “qué tenga un buen fin de semana” resonándome en los oídos. Si el pescado está bueno, y no dudo que lo estará por la pinta que tenía y el olorcillo que desprendía, seguramente volveré el próximo viernes ¡por que así da gusto!

Fruteria

Fuente: http://strikmadogandetgodt.blogspot.com/

Un poco más adelante he entrado en la frutería y al ir a coger unas uvas el frutero me ha detenido, se ha llevado la caja y con una sonrisa me ha dicho al volver: “Las que quedaban ahí no eran buenas, ya no están frescas, coge de estas”. Dos grandes racimos de uvas blancas han hecho compañía al pescado de vuelta a casa.

Mi frutero y mi pescadero tienen que lidiar con una cantidad limitada de compradores, los que vivimos aquí, y sin duda les interesa cultivar el buen trato al cliente para que al día siguiente y al otro y al otro volvamos a su tienda y no a la que hay tan sólo unos metros más allá o más acá. Al fin y al cabo, la fruta o el pescado se pueden encontrar más o menos con la misma calidad o precio en otros establecimientos.

Un contrapunto a mis tenderos más próximos se puede encontrar en los dependientes de los negocios turísticos de Copenhague.

No hace mucho asumí la siempre agradable tarea de ejercer de guía turístico para unos amigos y en varias ocasiones fuimos tratados con descortesía en algunos bares, restaurantes o tiendas. Ciertos dependientes nos atendían con desgana y hastío, como si su trabajo fuera una pesada carga rozando lo insoportable y te hicieran un favor por venderte algo. En otros casos sufrimos burlas o malas caras por tener acento o no conocer una determinada palabra en danés o inglés.

Algunos de estos negocios dirigidos al turismo no tienen entre sus prioridades ofrecer un servicio de calidad. Lo importante es su emplazamiento y por tanto el turista se ve abocado a acudir a ellos teniendo que soportar el trato o maltrato que se le quiera dispensar. No se espera que el turista vuelva y se toman licencias con él que serían inconcebibles si el negocio dependiera de los compradores locales. Para estos establecimientos el turista es un ser capaz de soportar cualquier cosa, que no se entera, al que se puede estafar o burlar.

Fuente: bussines.dk

Provengo de una de esas ciudades siempre llenas de visitantes y, como en todas ellas, la zona centro está salpicada de restaurantes dirigidos al turismo, que te venden comida “típica”, de muy baja calidad a precios exorbitantes o irrisorios, se dan los dos extremos. Para los dueños de estos negocios el principio es el mismo que para las tiendas de Copenhague: los turistas no vuelven, hay que aprovecharse de ellos ahora y sacar el máximo beneficio posible, el buen servicio, la amabilidad en el trato o la paciencia cuando desconocen el idioma local son extras innecesarios.

Esta forma de negocio sin embargo tiene los días contados y a la larga llevará a la ruina a dichos establecimientos. El motivo principal es que, afortunadamente, vivimos en la era de la comunicación y el nombre de estos lugares acaba saltando aquí y allá en la red, en páginas de viajes, guías turísticas, foros, blogs de viajeros…

Hoy en día se hace turismo con una lista tanto de sitios a visitar como de lugares a evitar. Con una búsqueda simple se puede averiguar rápidamente en qué hoteles lo ofrecido en sus folletos publicitarios no se corresponde con la realidad, qué restaurantes mantienen una mala relación calidad precio, en cuales se ofrece un mal servicio o comida y qué atracciones turísticas ocultan trampas o gastos extra para los visitantes. Con un poco más de tiempo, y gracias a las crónicas de algunos viajeros, es fácil estar al día de estafas, abusos o maltrato en todo tipo de establecimientos. La calidad deficiente en el servicio al turista es difícil de ocultar y el número de incautos que “pican” se va reduciendo día a día.

Llegados a este punto, siento la enorme tentación de dar el nombre y ubicación de aquellos lugares dónde recibí un trato especialmente desagradable pero dejaré que el karma, Internet y el tiempo cobren justa venganza sobre estos negocios y con un poco de suerte ya habrán desaparecido para mi próxima ronda turística.