Copenhague desde el agua

Si preguntas a los habitantes de Copenhague cuál es el mejor medio para descubrir los encantos de su ciudad, uno de cada cuatro responderá que hay que conocerla a través de sus canales. El periódico Urban acaba de publicar una encuesta dónde el 25% de los entrevistados recomendaban a los turistas realizar una de las muchas rutas en barco que recorren los principales monumentos de la ciudad. Las ventajas de esta opción son claras: es barato y se ve mucho en poco tiempo.

El viaje por los canales cuesta 40 kr (unos 5 euros) y comienza o bien en la Iglesia de Holmen o bien en Nyhavn, el puerto de las casitas de colores que sale en todas las guías turísticas de Dinamarca. Desde el barco, cuyo periplo dura aproximadamente una hora, se pueden contemplar, entre otros, los edificios del nuevo teatro de la ópera, la sirenita, el palacio real o la Iglesia de Holmen mientras un guía nos va relatando, seguramente en inglés, las particularidades de aquello que estamos viendo.

Como alternativa un poco más económica y pensada para quienes gustan de la opción “viajar por libre” y explorar por su propia mano los rincones turísticos, os propongo un viaje en autobús, para ser precisos, en barco-bus (havnebus).

Vamos a realizar nuestra propia ruta por los canales en la línea de autobús urbano, operada en lancha, que recorre uno de los principales canales. El viaje nos costará así 24 kr (unos 3 euros), y el billete será válido durante una hora para todos los medios de transporte público.

La parada del barcobús se encuentra a los pies del puente “Langebro” a orillas del canal. Desde el centro de Copenhague, es decir, la plaza del ayuntamiento, sólo tendremos que recorrer la calle H. C. Andersens Boulevard para llegar hasta allí.

La ruta que tomaremos es: Det kongelige bibliotek – Nordre toldbod, línea 902.

Una vez en el barcobús, la mejor forma para disfrutar de las vistas es salir por la puerta trasera de la embarcación a una pequeña terraza al aire libre que tiene en su parte posterior pero, si se tiene la mala suerte de encontrarse en un día de lluvia, se puede contemplar el paisaje desde las ventanas de la nave casi casi tan bien como desde el exterior.

El Diamante Negro – Det kongelige bibliotek

Nada más arrancar, lo primero que captará tú atención será la imponente mole negra de la biblioteca real.

El edificio recibe el nombre de “Diamante Negro” debido a su fachada formada por 2.500 m2 de láminas de granito negro pulidas que le confieren el brillo y el color al que debe su nombre. La parte central más clara, de forma triangular, es una imponente cristalera que recorre toda la altura del edificio, gracias a la cual, desde su interior, se puede contemplar una vista completa del canal que dota a la biblioteca con uno de los más bellos adornos posibles.

La torre de la bolsa

Después de pasar bajo el primer puente, todavía a babor, aparecerá la curiosa torre en espiral del edificio de la bolsa. Recibe el nombre de Dragespiret, la espiral de los dragones, al estar formada por cuatro colas de dragón enroscadas sobre sí mismas.

Existe la creencia popular de que la torre ejerce de talismán protector sobre el edificio ya que durante siglos ha sobrevivido milagrosamente a los incendios declarados en casi todas las construcciones colindantes.
 

La iglesia del Salvador – Vor Frelsers Kirke

Cambiamos la mirada al lado de estribor y encontramos otra torre en espiral, la Iglesia del Salvador. La torre está formada por 400 escalones en cuatro vueltas, protegidos por una barandilla de hierro dorado, que llevan hasta el globo que la corona y dónde se asienta la figura de El Salvador.

Se terminó en 1752 y se considera desde entonces una especie de prueba de hombría subir hasta la cúspide y tocar el globo. La dificultad del reto estriba en que está construida en madera de roble y se mueve un tanto cuando sopla el viento.

Hay diferentes leyendas, algunas ciertas y otras no tanto, relacionadas con la historia de esta torre. Una de ellas relata que su arquitecto se suicidó lanzándose desde la cúspide cuando al terminar cayó en la cuenta de que había construido la espiral en giro hacia la derecha y no a la izquierda como el rey le había encargado.

Nyhavn – El puerto de las casitas de colores

El barcobús se detiene por un instante en Nyhavn y, aunque bien es cierto que no se llega a apreciar en todo su esplendor, sí que es posible atisbar parte de su encanto cuando la nave se acerca hasta él.

Nyhavn significa “puerto nuevo”, nombre curioso para un lugar con más de 300 años de antigüedad, y que todavía alberga los edificios construidos en sus orígenes. Por un lado está franqueado de casas coloridas, un tanto esquinadas, que antes eran comercios y prostíbulos dedicados a los marineros y hoy albergan bares y restaurantes. Del otro, el puerto con sus barcos anclados, algunos modernos y otros más antiguos construidos en madera, que antes fueron instrumento de trabajo de pescadores. Un conjunto variopinto de colores y olores que confieren al lugar un encanto especial que merece la pena disfrutar.

A la derecha de la parada, está el edificio del teatro nuevo de la ciudad, Skuespilhus, que podremos admirar cuando, al salir, el barco recorra su fachada.

Operahus – El edificio nuevo de la opera

Nos dirigimos ahora hacia la otra orilla del canal hasta el nuevo edificio de la ópera inaugurado en 2005. Su forma recuerda a una pagoda china con su tejado oscuro y su gran cristalera redondeada inspirada en la forma de una caracola.

El edificio fue un regalo a la ciudad de Copenhague de la Fundación A.P.Møller, dueño de la empresa Maersk y uno de los hombres más ricos del mundo según Forbes.

La Opera está construida al final de un eje formado por la Iglesia de Federico (Marmorkirken – Frederiks kirke) y el Palacio Real (Amalienborg), por ello, si cruzamos la vista al otro lado del canal, veremos, justo enfrente, los palacetes que conforman la residencia de la reina y la imponente cúpula verdosa de la Iglesia.

 

El viaje toca a su fin. La próxima parada nos deja en Langelinie (parada de Nordre toldbod) dónde debemos apearnos. Es tiempo de continuar el recorrido a pie. Allí encontraremos la Iglesia anglicana de St. Alban, única en el país, la fuente de Gefion, la Sirenita y el recinto de la ciudadela, un conjunto de imprescindibles cuando se decide visitar Copenhague.

Tómate tu tiempo, refréscate en la fuente, aparta como puedas a los japoneses y hazte una foto junto a la Sirenita, recorre la Ciudadela sin olvidarte de visitar la zona de cañones y el molino y cuando termines, si no ha pasado una hora, coge el barco de vuelta, no necesitas un billete nuevo, pero esta vez, baja en Nyhavn. Te has ganado una cervecita en una de sus terrazas, o si te parece demasiado caro, compra una en algún kiosko y siéntate a tomarla en la orilla del muelle como hacen los daneses.

¡Skål y espero que hayas disfrutado del paseo!

Fuentes:

http://ibyen.dk/gadeplan/ECE1337177/havnerundfarten-slaar-tivoli-og-christiania/
http://www.borsbygningen.dk/hist.htm
http://www.vorfrelserskirke.dk/taarnet
http://www.nyhavn.eu/?q=node/4
http://www.visitcopenhagen.dk/se-og-goer/top-10-attraktioner?galleryitem=nyhavn

Direcciones de interés:

Canal tours
Línea 902
El Diamante Negro, Det kongelige bibliotek
Top 10 atracciones turísticas de Copenhague