Gracias por su interés y por favor, siga leyendo

Si algo me resultó difícil a mi llegada a Dinamarca fue conocer y poner en práctica las normal sociales imperantes; saber qué decir o qué hacer y hacerlo o decirlo en el momento adecuado, para poder presentarme como una persona educada, atenta y respetuosa con los demás. Al llegar aquí descubres que, aunque supieras comportarte con corrección en tu país de origen, las normas sociales pueden tener matices o variaciones en Dinamarca, que si son ignoradas, te harán quedar como un patán desconsiderado o un maleducado.

høflighed

Hace tiempo bromeaba diciendo que en Dinamarca cuesta 15 minutos despedirse en una conversación que sólo había tomado cinco. La retahíla de los gracias, los da recuerdos a, los fue agradable hablar contigo, etc, se me antojaba larguísima, laboriosa y sin duda complicada.

En este país es imprescindible recordar cada una de las ocasiones y momentos en los que es necesario dar las gracias: Gracias por lo último hecho, compartido (Tak for sidst); Gracias por tu visita (tak for besøget), Gracias por la comida (tak for mad) etc. Siempre se envía un abrazo o un saludo a la pareja, los hijos, los conocidos… Las cosas se piden siempre por favor (må jeg bede om…), incluso en los ambientes más relajados o familiares, y se felicita no sólo a los que celebran un cumpleaños o la confirmación, sino también a los padres de estos en contrapartida o al cónyuge del que cumple años. Al llegar o al abandonar una fiesta se saluda a cada uno de los participantes y no puedes irte sin dar las gracias al anfitrión y expresarle lo agradable que ha sido ese rato en su compañía. A las visitas se las recibe siempre con un “bienvenidos” y se las despide con un “gracias por la visita” y un “buen viaje de vuelta”. Y esto por citar solo algunos ejemplos de lo que se espera de una persona de bien con buena educación.

En España por el contrario los gracias y los por favor están cayendo más y más en desuso, algunos incluso dirán que nos estamos volviendo unos maleducados. En los ambientes familiares incluso han sido completamente desterrados y más de uno se quedaría patidifuso si oyera al jefe darle las gracias por algo. El “por favor” podemos empezar a considerarlo una especie en peligro de extinción, algún camarero me ha mirado con ojos como platos al pedir un café acompañado de dicha palabra, pero afortunadamente aún nos atrevemos a dar las gracias de vez en cuando.

mas-amor-por-favor
La fórmula de cortesía por excelencia durante muchos años ha sido “el usted” que cada vez empleamos menos. Lo dejamos reservado para quién nos parece muy mayor y a quién no tenemos confianza o para la primera vez que nos encontramos ante un jefe, un profesor u otra figura de autoridad. La policía todavía nos llama de usted, cuando no están dando porrazos, algún que otro profesor decide voluntariamente utilizar esta fórmula con sus alumnos y las teleoperadoras son instruidas en su manejo, aunque a veces son capaces de esgrimirlo con un deje de desprecio y “no me toques más las narices” digno de admiración, pero podríamos decir que el tuteo se ha generalizado.

Atrás quedaron los tiempos en los que no estaba permitido apearse del usted que se empleaba incluso de hijos a padres y representaba todo un símbolo de aceptación el que nos permitieran utilizar el tuteo. Las figuras de autoridad siempre y por siempre eran tratadas de usted: el jefe, el sereno, el policía, el cartero… Los mayores y los vecinos, de usted también, y eran Don tal y don cual, doña señora de tal y Señor esto y lo otro. Y te ponías a su servicio y a su disposición, su “de usted”, por supuesto. Por aquel entonces las gracias, los por favor y los recuerdos a su señora también en España eran de obligado cumplimiento.

Y siento que de aquel entonces, de los tiempos del señor bajito con bigote, se nos quedó cierto sabor a servilismo en la punta de las fórmulas de cortesía, de ese agachamiento de cabeza que acompañaba al usted y de esa deferencia hacia un inferior que venía con el permiso del tuteo. Y por eso, ahora que el señor bajito ya no está, nos hemos desprendido de ello, nos lo hemos sacudido. Algunos padres olvidaron enseñarlo, en parte porque les parecía un demasiado su uso en el hogar, allí donde estamos en familia. Porque en familia no hacen falta esas cosas y para sentirse en casa hay que tener confianza. La confianza parece estar reñida con los usted, los por favor y los gracias oficiales.

Así poco a poco nos hemos pasado al otro extremo, a una cierta descortesía que escuece cuando no te piden las cosas con educación y respeto o cuando una vez más olvidan un gracias de esos que sientan tan bien después de un esfuerzo, un gracias que te mereces. ¿No es de bien nacidos el ser agradecidos?

PORFAVOR
Sin embargo ahora he sabido que a mi sobrinita le han dicho en el cole que tiene que aprender a pedir las cosas por favor y dar las gracias. Toda la familia estamos haciendo un esfuerzo para pedirnos el pan por favor en la mesa  y devolver un gracias al que te lo acerca. A mí ya casi, casi me sale natural después de un duro entrenamiento en los gracias, regracias, por favores y ¡qué tarde más agradable hemos pasado juntos! daneses.

Saludos a la familia y que pasen ustedes un buen día.

Exilio 2.0

He oído hablar de sueños
He visto maletas llenas de nostalgia, añoranzas, morriña, esperanza…
He compartido soledades
He escuchado
Y he confiado, acallando la voz que silenciosa me decía, quizás no…

Hay quién lo llama la avalancha española, los desesperados…

Casi ninguno habla danés; muchos dicen defenderse en inglés, hasta que descubren que ese inglés de defensa apenas es comprensible y no alcanza ni de lejos para cubrir las necesidades del día a día. Han oído a unos y a otros comentar las bondades de los países nórdicos pero casi nadie les ha hablado de sus sombras. Conocen de memoria el bajo índice de desempleo, lo cotejan con el español, comparan también los salarios y creen que saldrán ganando con el cambio, que pronto encontrarán algo bueno, que conseguirán salir adelante porque “en Dinamarca se vive muy bien”.

La mayoría repite lo de “busco trabajo de cualquier cosa”, lo cierto es que algunos es a lo único a lo que pueden aspirar. Llegan sin estudios que los cualifiquen; en España ya sobrevivían haciendo un poco de todo y esas mismas intenciones tienen para su futuro danés más inmediato. Otros pretenden seguir en la misma trayectoria laboral que tenían en casa y esconden que, al menos de momento, están limpiando o moviendo cajas en un almacén. Los hay con “suerte”, aquellos que con una ingeniería, una carrera informática o química, con un buen nivel de inglés y experiencia laboral, encontraron un puesto en su área de especialización y ahora disfrutan de buenas condiciones de trabajo y un salario más que decente. Son los ejemplos que después se cuentan, se enumeran, se ejemplifican, los que empujan una nueva avalancha, un nuevo grupo de desesperados, una oleada que, como las anteriores, descubrirá que la competencia es dura, que hablar danés casi siempre es un requisito imprescindible y que extranjeros sin cualificación y con pocas habilidades idiomáticas, a parte de su lengua materna, los hay en abundancia de todas las nacionalidades.

Hay algo que casi todos tienen en común, tres compañías que más o menos se sacuden o que más o menos ahogan: la añoranza, la esperanza y la soledad.

Dinamarca no suena igual, no huele igual, no sabe igual. Incluso aquellos que salieron de España dando una patada a la puerta, gritando aquello de “ahí te quedas país de pandereta”, alguna vez, frente a un trozo frío de pan de centeno a la hora del almuerzo, echan de menos el sabor de la sopa de cocido de madre, algún día entran en casa y falta algo: el sonido del carrusel deportivo un domingo por la tarde, las voces de las señoras en el patio de luces, el olor a berza o pescado de casa de algún vecino… Algunos se sacuden esa morriña con un manotazo o un parpadeo, otros redescubren el placer del trozo de jamón traído de España, la botella de sidra arropada entre camisetas en una maleta, el paquete de turrón que la familia ha mandado por correo. Lo atesoran, lo degustan en pequeñas porciones y se lo ofrecen como el más exquisitos de los manjares a los otros españoles que aparecemos de visita. ¡Y cómo se agradece! Porque en ese rato junto a otro español perdido por estas tierras, por unas horas, te vuelves a sentir en casa, eres de nuevo y al 100% tú mismo y la añoranza se va a dormir.

Y junto la añoranza, la esperanza, el sentimiento en la otra cara de la moneda.

El día que haces la maleta de camino al frío norte, empaquetas unos cuantos sueños, unos cuantos proyectos, planes iniciales y toda la esperanza que puedas recopilar para poder sostenerte, sobretodo en los primeros tiempos. “Iré allí, al principio me tocará trabajar de cualquier cosa pero aprenderé danés y entonces podré encontrar algo de lo mío.” “Seguro que encuentro trabajo de lo que sea, peor que en España no voy a estar.” “Harán falta profesores de español, digo yo, el español está de moda…” Algunos tienen planes más concretos, mucho más. Otros tienen claro por dónde tirar, lo han estudiado, han leído foros y páginas web, saben lo que se cuece. Y también los hay que simplemente quieren probar suerte. Unos ahorros iniciales, algún conocido, algún amigo, algún familiar… Algunos lo conseguirán, otros fundirán los ahorros y volverán a España con la cabeza más o menos alta, los hay que saldrán adelante aunque ni mucho menos como lo habían planeado. Unos se resignan, otros tiran maldiciendo la suerte, varios han probado durante años y ahora quieren volver, las bondades nórdicas no lo eran tanto.

Los miembros de la avalancha dejan atrás a la familia, los amigos, los contactos y aquí no conocen a nadie, o a casi nadie, es difícil hacer amigos. El idioma es la primera barrera y esa otra forma de socializar que tienen los daneses, la segunda. El bichillo de la soledad se posa en el hombro. Llega ese día que estás en casa y no sabes muy bien a quién contar lo que te pasó o lo que sentiste, ayer ya llamaste a casa y tus amigos no acaban de entender qué es lo que te pasa; o llega ese momento en el que el cuerpo te pide salir a tomar una cerveza y no sabes a quién llamar; o el domingo por la tarde pensando en que al día siguiente hay que volver al curro y te apetece ver el partido en compañía o ir al cine, pero el partido es el que toca ¡y en danés! y te lo tienes que ver tú solo y la cerveza del super es estupenda pero no es San Miguel ni Estrella Galicia. Coges el teléfono y llamas a ese español que también vive aquí, al que conociste en una quedada con otras 15 personas organizada por un foro de españoles, el que te pareció majo. Acabas contándole tu vida como si os conocierais desde siempre, te escucha y te entiende y al final baja a tomar una cerveza contigo porque lo tienes a 15 minutos en cercanías. El bichillo de la soledad se queda dormido durante un buen rato, pero tarde o temprano se vuelve a despertar. No lo incluías en la maleta pero se ha colado sin previo aviso y ahora hay que vivir con él.

Es una avalancha de españoles, de desesperados, de soñadores, de voluntariosos dispuestos a trabajar duro, de triunfadores y de perdedores, de nostálgicos… Los oigo, los veo, los escucho y confío: ¡ojalá sí, ojalá…! ¿No soy al fin y al cabo uno de ellos?

Árbol de chupetes – Suttetræ

Todos los niños que encontraron la calma en un chupete, que lo convirtieron en su fiel compañero de batallas, han tenido que pasar por el mal trago de separarse de él. Quizás la mayoría no lo recuerda pero muchos padres podrían hablar largo y tendido sobre los mil trucos, artimañas o maneras que utilizaron en ese señalado instante de la infancia: el día en que hay que decir adiós al chupete.

En Dinamarca existe una dulce tradición para superar tan duro trámite de una forma suave: los árboles de chupetes – suttetraer.

Una vez pasada la fase previa de convencimiento, en la que aseguramos al pequeño que ya es todo un hombrecito, o mujercita, y que ya no necesita cosas de bebé como el chupe, cuando por fin parece que el pequeño está listo para abandonar a su pequeño amiguito, toda la familia se dirige al bosque o a un parque cercano y allí, en un árbol que otros muchos niños han utilizado antes, en un auténtico árbol de chupetes, el nene colgará el suyo, diciéndole adiós para siempre. Es un trámite irreversible porque a partir de ese momento el árbol toma para sí mismo ese pequeño símbolo de la etapa de bebé y ya no se puede recuperar.

Algunos niños cuelgan los chupetes junto a dibujos, cartas, notas explicativas o pequeños juguetes asociados a ese período que se deja atrás. En el árbol de chupetes del parque de Frederiksberg se podía leer dentro de un gran corazón azul de cartulina:

“Querido árbol de chupetes: ¡Ahora ya soy una niña grande! Por eso os digo adiós. Habéis sido buenos pero ahora ya me las puedo apañar sin vosotros. Saludos cariñosos, Liva.”

Como papá o mamá quizás te preguntas, ¿y porqué un árbol? La costumbre es bastante nueva, de aproximadamente unos 30 años, y no sabría decirte de dónde ha llegado pero el hecho de que se trate de un árbol no es casual. Las tradiciones nórdicas más antiguas están íntimamente ligadas con la naturaleza y especialmente con los árboles.

El centro del universo según la mitología nórdica es un fresno inmenso, el Yggdrasil, el árbol de la vida, cuyas raíces se hunden en el inframundo y su copa llega hasta el cielo. Existe además una creencia ancestral en los árboles curativos, aquellos que pueden hacerse cargo de nuestras enfermedades. Según la leyenda, los árboles capaces de sanar eran aquellos en los que sus ramas habían crecido juntas formando un círculo cerrado de tamaño suficiente para que una persona pueda pasar a través de él. Los enfermos o sus familiares recorrían grandes distancias para llegar hasta ellos y se cuenta que algunos tenían las ramas completamente pulidas de la cantidad de peticionarios que pasaban a través de ellas.

Para mí no hubo árbol de chupetes, sólo unas charlas metódicas de mi padre avisando que el día de mi futuro cumpleaños sería el último con chupete porque ese día me hacía mayor. Creo que hubiera sido mucho más bonito poder acercarme a un gran árbol de chupetes como el de Frederiksberg y sentirme arropada por todos esos niños, que como yo, habían sido capaces de decir adiós a su chupete y convertirse así en nenes mayores.

Fuentes:

http://da.wikipedia.org/wiki/Yggdrasil
http://www.denstoredanske.dk/Kunst_og_kultur/Religion_og_mystik/Nordiske_guder/Yggdrasil
http://www.dn.dk/Default.aspx?ID=8733

No es lo mismo seis que 23

Para afirmar que el mercado laboral español y el danés son dos realidades diferentes, sólo hay que echar un vistazo a las cifras. Mientras en el país nórdico el desempleo se sitúa en el 6,2%, en España, según la última EPA publicada en enero, andamos ya por el 22,8% de media, un porcentaje que se eleva hasta el 31,23% en Andalucía. Sin embargo, tanto daneses como españoles se muestran preocupados por el alto índice de parados ya que este se ha duplicado desde los “buenos tiempos” (2007-2008), momento de bonanza en el que por España teníamos sólo un 12% de desempleo, el doble del actual danés.

Si miramos más allá de las frías cifras, también hay algo en las actitudes que diferencia a los desempleados daneses y españoles, especialmente a la hora de buscar trabajo.

Cuando en España nos sumergimos en el apasionante mundo de los buscadores de empleo, descubrimos que para un puesto libre cualquiera, da igual lo mucho o poco cualificado que sea el trabajo, al poco de publicarse ya hay cientos de solicitudes. Eso no impide que uno añada su currículum a la pila, a sabiendas de que sólo será un número más perdido entre la montaña de solicitantes que se irá acumulando en la empresa anunciante. Después cierras los ojos y cruzas los dedos con un “a ver si me llaman” que suena muy parecido al “a ver si toca” que le sueltas al lotero al sellar la primitiva.

Actualmente en Dinamarca se publican 12 anuncios de empleo por cada despido. Los sindicatos aseguran que es poco, supongo que teniendo en cuenta que en 2007 la cifra ascendía hasta 80 por cada cese, pero a mí estas cantidades me dan cierta esperanza, un sentimiento de opción a premio. Y no debo estar equivocada cuando los empresarios, especialmente para trabajos cualificados relacionados con carreras de larga duración, siguen asegurando que es difícil encontrar buenos trabajadores con la formación, la experiencia y la actitud requerida para el puesto. Lo cierto es que hay vacantes difíciles de cubrir y en esos casos se intenta mimar al trabajador para que no huya en busca de pastos más verdes.

Fuente: hola.com

Muy distinta esta actitud al “si tú no lo quieres otro lo querrá” que uno se encuentra en alguna que otra entrevista de trabajo en España, cuando te explican de antemano que te van a pagar poco, que echarás horas extra no remuneradas ni agradecidas y que ni sueñes con llegar a tener algún tipo de contrato estable. Todo esto en el mejor de los casos que, aunque parezca mentira, puede ser peor.

Sin embargo por el frío norte la cosa pinta distinta.

 

Una empresa que conozco bien, necesitaba un programador informático y decidieron poner un anuncio en el portal de empleo más popular por estas tierras. Recibieron una docena de currículos y después del primer filtro, en función de la formación y la experiencia, quedaron unos 4 o 5 candidatos que reunían los requisitos deseados. A estos decidieron llamarlos para realizar una entrevista personal. La respuesta de uno de ellos me parece impensable en la España de los cinco millones de parados: “Si queréis que vaya a una entrevista, tenéis que pagarme 13€”.

Por supuesto le respondieron que no, que sintiéndolo mucho, bajo esas condiciones, no estaban interesados en hablar más con él. A lo que nuestro candidato, seguramente con un encogimiento de hombros, dijo que bueno, vale, que total ya había hecho muchas entrevistas en otros sitios donde no le habían contratado, y que esta entrevista sería más de lo mismo. A los pocos días, cuando en la empresa aún no habían conseguido salir de su estupor, recibieron una llamada del mismo individuo que les proponía hacer la entrevista porque “total, tenía otras entrevistas en la zona y podía pasarse por allí si querían”. Supongo que ahora le salía rentable la visita…

Por si a alguien le queda alguna duda: no, no le entrevistaron. Aunque el puesto sigue vacante. Una  vez realizada la selección, la persona elegida decidió no firmar el contrato porque el jefe que iba a tener no resultó de su agrado.

Con un 6,2% de desempleo supongo que todavía te puedes permitir elegir jefe, ese lujo hace tiempo que lo perdimos España, si es que alguna vez hemos tenido.

Fuentes:
http://www.ae.dk/analyse/okonomisk-kommentar-ledighedstal-februar-2012-mavepuster-til-danske-arbejdsmarked
http://www.ine.es/
Explorador del paro en España según la EPA

CEMCUDD IV

Sønderjylland

Sé que algunos no darán crédito a sus ojos cuando lean esto pero, echaré de menos Sønderjylland el día que deje Dinamarca. Lo cierto es que ya la echo de menos…

Kilde: Heriksfoto

Sønderjylland es la tierra que se extiende en el límite de la península de Jylland hasta abrazar Alemania, el hogar de los grandes patriotas daneses, un territorio con su propio dialecto, sønderjysk, y una palabra clave “mojn”, un saludo que sólo utilizarás en esta región.

Al contrario que el resto de los habitantes de Dinamarca, los sønderjyder son daneses por elección propia tras un referendum en 1920 que los convirtió en nórdicos pese a su previa condición de alemanes, esto los lleva por derecho, a considerarse los más daneses entre los daneses. Casi todo aquel que posee un jardín tiene instalado un asta de bandera para, en los días señalados, izar orgulloso la Dannebrog. Es un espectáculo digno de ver, un pueblo engalanado con cientos de banderas que ondean al sol un día que amanece claro, donde el rojo de las telas centellea enmarcado en el azul del cielo. Vivir en Sønderjylland lleva implícito esa sensación de pertenencia a una comunidad única, histórica, tradicional, orgullosa de quién es y de su papel en el conjunto.

Kilde: Pusteblomster

En el largo invierno escandinavo, la región parece dormida hasta que los rayos del sol, la primavera o esa estación ligeramente parecida a un verano, ilumina los campos de cultivo infinitos que cubren el paisaje, los pinta de colores, el marrón de los cereales, el verde del maíz y las patatas y el precioso amarillo de la colza y la mostaza. Entonces es tiempo de disfrutar de algunos privilegios deliciosos como ir a comprar patatas nuevas, fresas o guisantes al vecino quien te los vende a buen precio y recién arrancados de la tierra. Son productos que es imposible no echar de menos, como el delicioso Sønderjyskrugbrød, pan de centeno especial de la región o la famosa sønderjyskrugbrødlagkage, una fantástica tarta en la que el bizcocho se elabora con ese pan de centeno. Si bien en el resto del país también es posible encontrarlo y, finalmente, elaborar la tarta, ¿no sabe mejor en Sønderjylland?

Con el buen tiempo comienzan las fiestas locales. Rastrillos, competiciones de arrastre de tractores, carreras de caballos en las que los jinetes tienen que atravesar aros con un palillo, actuaciones de las bandas municipales… Y en cualquier fiesta que se precie, un puesto de salchichas y cervezas, porque sin esos dos elementos, una fiesta no puede denominarse tal.

Kilde: dinby.dk

Cualquier fin de semana, o una tarde en que la jornada laboral ha sido corta, es buen momento para acercarse hasta el país vecino y realizar una típica compra monstruosa de bebidas, alcohol y golosinas y, con el nuevo impuesto sobre los productos grasos, supongo que ahora también de queso. “Todo es más grande en Alemania”.

Pero más allá del paisaje, las salchichas y los descuentos alemanes, lo que te rompe el corazón el día que dejas esta tierra, es decir adiós a los grandes amigos que allí encontraste. Echo especialmente de menos a mi querido Tommy, sønderjyde de pura cepa, de una larga estirpe de sønderjyder, que tiene primos en cada pueblo de los alrededores y que conoce historias sobre todo aquel de la región que ha llegado a ser alguien. Un hombre grande, en todos los sentidos, capaz de cocinar cualquier cosa en su barbacoa, que piensa que las salchichas son un buen entrante en toda comida y que en su casa siempre guarda una cerveza fría, comprada en Alemania, para obsequiar a los amigos.

Sønderjylland, tu orgullo, tus tradiciones, tu carácter único, eres una da las cosas que echaré de menos el día que deje Dinamarca.

Desarraigo

Hoy por primera vez he descubierto lo que significa el desarraigo.

Es un día cualquiera, como todos los demás, con un cielo encapotado, blanquecino. Un día en que me levanto, bebo un café y me pongo manos a la obra y en un momento cualquiera, sin previo aviso, lo he sentido: la sensación de falta de pertenencia, de ser de allí y de aquí y no ser de ningún sitio.

Parece que el tiempo ha provocado que no sienta afinidad con mis compatriotas recién llegados al país, que añoran la fabada, se desesperan buscando en los supermercados los mismos productos que compraban en España y se niegan a que en su círculo se pronuncie una sola palabra en danés. Los mismos, en contraposición, que no admiten que se critique este país maravilloso, encarnación de todas las virtudes, y que aleccionan sobre “danicidad” e integración enarbolando símbolos extraños como su capacidad para desplazarse a diario en bicicleta, un vehículo que no habían vuelto a usar en España desde los veranos infantiles en la casa del pueblo.

Quizás el problema es que no tengo bicicleta.

Creo que no la necesito, vivo en el centro y me gusta caminar. ¡Qué poco danés por mi parte! Algún que otro español ya se ha ocupado de señalármelo con sorpresa y un deje de desprecio, como si cojeara en algún punto en mi compromiso con Dinamarca, a pesar de mi carencia de añoranza por la fabada y mi deseo de hablar danés “så meget som muligt*” por que así, quizás un día me cure de este acento terrible del que adolezco.

Quizás deba comprarme una bicicleta.

Porque junto a la sensación de esa falta de afinidad con los míos ha aparecido el deseo de ser uno más entre los de aquí, un número más en la multitud de daneses. Pero no lo soy, no soy danesa. Mi acento, mis maneras, mi pasado y a veces mis opiniones, me delatan.

Hace tiempo alguien me dijo que era “demasiado oscura” para pasar por danesa, que no había nada claro en mi. Pelo castaño, ojos verde/marrones, una piel que según mi dermatólogo español tengo que cuidar porque es muy clara… Si el baremo para sentirme parte de la sociedad que me rodea son unos rasgos físicos necesarios, puede que a la vuelta de la tienda de bicis tenga que hacer una visita a la peluquería.

Aún así, en cuanto abriera la boca y empezara a pronunciar las “æ ø å” a mi manera para atreverme tímidamente a apuntar que quizás en este país haya algunos problemas en materia de sanidad, educación o inmigración, tendría que oír alguno de esos “pues si no te gusta ¿porqué no te vas?”. Y es que es difícil explicar que sí me gusta, que me gusta tanto que quiero que todo sea aún mejor y contribuir a ello con mi pequeño granito de arena, con los medios que un ciudadano común de este país tiene a su alcance.

Pero, sinceramente, hoy, mientras un pan de centeno se cuece en el horno y en la cafetera empieza a humear el café con torrefacto traído de España, me persigue esa sensación de que no puedo pasar por uno de ellos y no me siento uno más entre los míos. Me ha atrapado el desarraigo.

*Todo lo que pueda.

La última morada de los reyes daneses

Si viajas a Dinamarca con tiempo suficiente para visitar algo más que Copenhague, uno de esos lugares de parada obligatoria es Roskilde, una pequeña ciudad al noroeste de la capital a la que es posible llegar en a penas 25 minutos en tren.

Roskilde guarda dos tesoros turísticos de gran valor: el museo vikingo, en el que podemos ver los barcos rescatados del fondo del fiordo y sus reconstrucciones, y la catedral, una impresionante edificación en ladrillo rojo, declarada patrimonio de la humanidad, que sirve como mausoleo para los reyes daneses.

Quizás otro día te cuente porqué merece la pena coger el tren hasta Roskilde y visitar su museo, pero hoy quiero hablarte de la magnífica catedral de un estilo a medio camino entre el románico y el gótico, impregnada de los detalles únicos de la arquitectura nórdica.

Su signo distintivo, lo que la hace diferente a todo lo que hayas visto antes, es su condición de mausoleo. Las capillas que hace siglos, en sus orígenes católicos, guardaban santos y altares, se han convertido en majestuosos monumentos funerarios que marcan el paso del tiempo a través de los cambios de estilo arquitectónico y escultural desde el s.XV hasta nuestros días. De hecho, la catedral ya tiene un espacio reservado para el sarcófago de la actual reina de Dinamarca, Margarita II, y en él se exhibe un boceto del trabajo en cristal y oro que guardará sus restos mortales.

Merece la pena tomar de la mano el folleto que te entregan junto a la entrada y realizar la visita, en la medida de lo posible, en orden cronológico. Disfrutarás de un viaje en el tiempo por el mundo del arte y la historia de Dinamarca. Desde Harald Blåtand cuyos restos se cree que están guardados en uno de los cuatro pilares del altar mayor, pasando por la gran reina Margarita I que consiguió tener bajo su dominio Dinamarca, Noruega y Suecia, hasta Federico IX, padre de la reina actual, quien descansa en una sencilla tumba de piedra en el exterior junto a la puerta principal.

Fuente: www.kulturarv.dk

Si además eres de los que disfrutan del lado misterioso de los grandes edificios históricos y te gusta conocer sus leyendas y curiosidades, la catedral de Roskilde también guarda algunos secretos. Aquí te dejo cuatro de las muchas historias que se cuentan para añadir así un poquito de sal y pimienta a tu paseo entre sus muros centenarios.

Disfruta de la visita, merece la pena.

La tumba del caballo fantasma

La girola de la catedral de Roskilde guarda desde el siglo XIV la tumba del caballo fantasma, una losa negra pulida que sobresale del suelo.
Antiguamente la gente solía escupir sobre ella para espantar la mala suerte dado que las leyendas cuentan que un caballo fantasma es un ser de tres piernas y ojos de carbón incandescente que anuncia la muerte y la mala suerte. Cruzarse con un caballo fantasma, Helhest, es una sentencia de muerte segura.

Tanta superstición rodeaba la tumba que en 1970 fue abierta para descubrir su contenido. Sorprendentemente, en lugar del esqueleto de un equino, aparecieron huesos pertenecientes a varias personas. Quienes son, porqué están enterrados allí o porqué esta tumba está rodeada de tan negra leyenda es un misterio.

Jep Heye, el cantante de la catedral

Uno de los epitafios más curiosos de las losas funerarias del suelo de la catedral de Roskilde es el que cuenta la historia del cantante de la catedral Jep Heye.

La leyenda en relieve relata su repentina e inesperada muerte cuando fue a visitar a Klaus Daa en la localidad de Ravnstrup. Allí se emborrachó a base de hidromiel y aguardiente con pimienta y al volver a casa le sorprendió una gran tormenta con lluvia frío y viento. Por este motivo, decidió tumbarse dentro del carro a dormir esperando que pasara la tormenta y cayó en un sueño tan profundo que no se le pudo despertar, ni siquiera haciendo sonar todas las campanas de la catedral. Por eso todavía sigue sumido en el sueño al resguardo de la Catedral de Roskilde.

Søren Olsen

En otra de las lápidas del suelo de la catedral podemos encontrar grabado un esqueleto rodado por una serpiente y que sostiene entre las manos un reloj de arena.

Una leyenda dice que la losa se corresponde a la tumba de la hija de un canónigo que murió por su propia vanidad y egoísmo.

Su padre debía viajar al extranjero y antes de irse le entregó una importante suma de dinero para que, en caso de que muriera durante el viaje, lo diera en su nombre como limosna para los necesitados. El canónigo falleció y su hija, movida por la codicia, decidió emplear el dinero destinado a los pobres en un collar para sí misma. En cuando lo colgó de su cuello, el collar se transformó en una serpiente que comía todos los alimentos que la chica intentaba llevarse a la boca. Así, después de dos días, la hija del canónigo moría de inanición.

Sin embargo, no parece haber nada de cierto en esta leyenda ya que la tumba pertenece al propio canónigo, Søren Olsen, y el símbolo del esqueleto con el reloj de arena era muy común en el siglo XVI, época de la que data la tumba.

Botín de guerra

El monumento funerario de Christian III que se encuentra en la capilla de los tres reyes magos estuvo en 1576 en manos de las tropas españolas.

Estas lo tomaron como botín de guerra en la conquista de la ciudad holandesa de Antwerpen, lugar dónde residía el escultor al que se había encargado la obra.

Su viuda tuvo que pagar 1000 florines cómo rescate y así poder entregar la escultura a los reyes daneses.

Locos por la pizza congelada

El otro día me acerqué hasta el Lidl y lo encontré inusualmente abarrotado. Dos de las tres cajas estaban abiertas y en ambas había una cola considerable. Por primera vez en mucho tiempo, me tocó esperar un buen rato para poder pagar y volver a casa. ¿A qué se debía esta muchedumbre?

En cuanto miré a mis compañeros en la fila me di cuenta del motivo que había arrastrado a tanta gente hasta este super que suele estar solitario: una oferta de pizzas congeladas estilo americano.

Fuente: blog Coma comos olhos

Casi todos a mi alrededor iban cargados con cuatro cajas de pizza “american style”, el máximo que la oferta permitía por cliente, y en algunos casos se trataba de grupos que se habían puesto de acuerdo para poder comprar una mayor cantidad. Delante de mi, una señora con su padre utilizaba este truco para llevar a casa ocho cajas de pizza, en la fila de al lado, cuatro amigos se habían juntado para volver con un cargamento de 16 pizzas congeladas.

La verdad es que no salía de mi asombro dado que desconocía el amor de los daneses, o al menos de los habitantes de mi ciudad, por las pizzas congeladas. Un amor que los había llevado a acudir en masa, el primer día de la oferta, organizando grupillos para poder llevarse el mayor número posible de cajas a casa. ¿Tan deliciosas son estas pizzas?

No, no he caído en la tentación de las 8.47 kr (1.13 €) que cuesta cada unidad y no las he probado, pero mi experiencia me dice que se suele tratar de un masa que se queda demasiado tiesa después de pasar por el horno, una salsa de tomate y un queso rallado en cantidades insuficientes y unos ingredientes esparcidos para llenar la superficie sin llegar a conseguirlo.

Si descartamos la posibilidad de que estemos hablando de un manjar delicioso a precio de ganga, quizás la razón para que tantos se animen a comprar es lo simple que resulta en esos días de desgana, dónde no apetece ponerse ante los fogones ni para hacer una simple tortilla francesa, encender el horno, dejar caer dentro la pizza y esperar 20 minutillos para tener la cena lista. Claro que yo esos días prefiero llamar al pizzero, aunque me va a costar al menos cinco veces más, y así llevarme a la boca algo sabroso y con la mezcla de ingredientes que a mí me gusta.

No es la mejor solución, lo reconozco. Simplemente deberíamos sacudirnos la desgana y preparar una buena ensalada, una opción mucho más sana teniendo en cuenta que sólo un cuarto de las “american style” tiene 200 kcal y un 6% de lo que comemos es grasa pura. Mientras con una buena y simple ensalada mixta, obtendremos la mitad de calorías y una buena dosis de vitaminas, eso incluso contando con un aliño de aceite de oliva.

Hablando de ello con mi querida compañera de blog, Eva apuntaba que quizás el misterio detrás de la avalancha compra-pizzas es una simple cuestión publicitaria.

Recibimos el folleto en casa dónde con grandes letras nos hablan de un precio increíble, una oportunidad única que no podemos dejar pasar, una oportunidad tan exclusiva que “sólo” podemos comprar cuatro unidades de ella. Por supuesto, no nos lo queremos perder y vamos corriendo al supermercado a comprarlas antes de que se agoten. Y además nos llevamos al abuelo para que él coja otras cuatro y aprovechar al máximo el ofertón. Y volvemos a casa orgullosos de nosotros mismos cargados con un botín de ocho cajas de pizza que a duras penas caben en el congelador.

Recordaremos este día meses después, quizás ya no tan orgullosos, cuando abramos el cajón del congelador y veamos todavía esperando la última pizza hawaiana. Esa que durante tanto tiempo hemos evitado comer después de acabar hartos del “american style” de siete pizzas anteriores. Pero la abriremos, la empujaremos dentro del horno y tendremos la cena lista en 20 minutillos. ¡Y a precio de ganga!

Copenhague desde el agua

Si preguntas a los habitantes de Copenhague cuál es el mejor medio para descubrir los encantos de su ciudad, uno de cada cuatro responderá que hay que conocerla a través de sus canales. El periódico Urban acaba de publicar una encuesta dónde el 25% de los entrevistados recomendaban a los turistas realizar una de las muchas rutas en barco que recorren los principales monumentos de la ciudad. Las ventajas de esta opción son claras: es barato y se ve mucho en poco tiempo.

El viaje por los canales cuesta 40 kr (unos 5 euros) y comienza o bien en la Iglesia de Holmen o bien en Nyhavn, el puerto de las casitas de colores que sale en todas las guías turísticas de Dinamarca. Desde el barco, cuyo periplo dura aproximadamente una hora, se pueden contemplar, entre otros, los edificios del nuevo teatro de la ópera, la sirenita, el palacio real o la Iglesia de Holmen mientras un guía nos va relatando, seguramente en inglés, las particularidades de aquello que estamos viendo.

Como alternativa un poco más económica y pensada para quienes gustan de la opción “viajar por libre” y explorar por su propia mano los rincones turísticos, os propongo un viaje en autobús, para ser precisos, en barco-bus (havnebus).

Vamos a realizar nuestra propia ruta por los canales en la línea de autobús urbano, operada en lancha, que recorre uno de los principales canales. El viaje nos costará así 24 kr (unos 3 euros), y el billete será válido durante una hora para todos los medios de transporte público.

La parada del barcobús se encuentra a los pies del puente “Langebro” a orillas del canal. Desde el centro de Copenhague, es decir, la plaza del ayuntamiento, sólo tendremos que recorrer la calle H. C. Andersens Boulevard para llegar hasta allí.

La ruta que tomaremos es: Det kongelige bibliotek – Nordre toldbod, línea 902.

Una vez en el barcobús, la mejor forma para disfrutar de las vistas es salir por la puerta trasera de la embarcación a una pequeña terraza al aire libre que tiene en su parte posterior pero, si se tiene la mala suerte de encontrarse en un día de lluvia, se puede contemplar el paisaje desde las ventanas de la nave casi casi tan bien como desde el exterior.

El Diamante Negro – Det kongelige bibliotek

Nada más arrancar, lo primero que captará tú atención será la imponente mole negra de la biblioteca real.

El edificio recibe el nombre de “Diamante Negro” debido a su fachada formada por 2.500 m2 de láminas de granito negro pulidas que le confieren el brillo y el color al que debe su nombre. La parte central más clara, de forma triangular, es una imponente cristalera que recorre toda la altura del edificio, gracias a la cual, desde su interior, se puede contemplar una vista completa del canal que dota a la biblioteca con uno de los más bellos adornos posibles.

La torre de la bolsa

Después de pasar bajo el primer puente, todavía a babor, aparecerá la curiosa torre en espiral del edificio de la bolsa. Recibe el nombre de Dragespiret, la espiral de los dragones, al estar formada por cuatro colas de dragón enroscadas sobre sí mismas.

Existe la creencia popular de que la torre ejerce de talismán protector sobre el edificio ya que durante siglos ha sobrevivido milagrosamente a los incendios declarados en casi todas las construcciones colindantes.
 

La iglesia del Salvador – Vor Frelsers Kirke

Cambiamos la mirada al lado de estribor y encontramos otra torre en espiral, la Iglesia del Salvador. La torre está formada por 400 escalones en cuatro vueltas, protegidos por una barandilla de hierro dorado, que llevan hasta el globo que la corona y dónde se asienta la figura de El Salvador.

Se terminó en 1752 y se considera desde entonces una especie de prueba de hombría subir hasta la cúspide y tocar el globo. La dificultad del reto estriba en que está construida en madera de roble y se mueve un tanto cuando sopla el viento.

Hay diferentes leyendas, algunas ciertas y otras no tanto, relacionadas con la historia de esta torre. Una de ellas relata que su arquitecto se suicidó lanzándose desde la cúspide cuando al terminar cayó en la cuenta de que había construido la espiral en giro hacia la derecha y no a la izquierda como el rey le había encargado.

Nyhavn – El puerto de las casitas de colores

El barcobús se detiene por un instante en Nyhavn y, aunque bien es cierto que no se llega a apreciar en todo su esplendor, sí que es posible atisbar parte de su encanto cuando la nave se acerca hasta él.

Nyhavn significa “puerto nuevo”, nombre curioso para un lugar con más de 300 años de antigüedad, y que todavía alberga los edificios construidos en sus orígenes. Por un lado está franqueado de casas coloridas, un tanto esquinadas, que antes eran comercios y prostíbulos dedicados a los marineros y hoy albergan bares y restaurantes. Del otro, el puerto con sus barcos anclados, algunos modernos y otros más antiguos construidos en madera, que antes fueron instrumento de trabajo de pescadores. Un conjunto variopinto de colores y olores que confieren al lugar un encanto especial que merece la pena disfrutar.

A la derecha de la parada, está el edificio del teatro nuevo de la ciudad, Skuespilhus, que podremos admirar cuando, al salir, el barco recorra su fachada.

Operahus – El edificio nuevo de la opera

Nos dirigimos ahora hacia la otra orilla del canal hasta el nuevo edificio de la ópera inaugurado en 2005. Su forma recuerda a una pagoda china con su tejado oscuro y su gran cristalera redondeada inspirada en la forma de una caracola.

El edificio fue un regalo a la ciudad de Copenhague de la Fundación A.P.Møller, dueño de la empresa Maersk y uno de los hombres más ricos del mundo según Forbes.

La Opera está construida al final de un eje formado por la Iglesia de Federico (Marmorkirken – Frederiks kirke) y el Palacio Real (Amalienborg), por ello, si cruzamos la vista al otro lado del canal, veremos, justo enfrente, los palacetes que conforman la residencia de la reina y la imponente cúpula verdosa de la Iglesia.

 

El viaje toca a su fin. La próxima parada nos deja en Langelinie (parada de Nordre toldbod) dónde debemos apearnos. Es tiempo de continuar el recorrido a pie. Allí encontraremos la Iglesia anglicana de St. Alban, única en el país, la fuente de Gefion, la Sirenita y el recinto de la ciudadela, un conjunto de imprescindibles cuando se decide visitar Copenhague.

Tómate tu tiempo, refréscate en la fuente, aparta como puedas a los japoneses y hazte una foto junto a la Sirenita, recorre la Ciudadela sin olvidarte de visitar la zona de cañones y el molino y cuando termines, si no ha pasado una hora, coge el barco de vuelta, no necesitas un billete nuevo, pero esta vez, baja en Nyhavn. Te has ganado una cervecita en una de sus terrazas, o si te parece demasiado caro, compra una en algún kiosko y siéntate a tomarla en la orilla del muelle como hacen los daneses.

¡Skål y espero que hayas disfrutado del paseo!

Fuentes:

http://ibyen.dk/gadeplan/ECE1337177/havnerundfarten-slaar-tivoli-og-christiania/
http://www.borsbygningen.dk/hist.htm
http://www.vorfrelserskirke.dk/taarnet
http://www.nyhavn.eu/?q=node/4
http://www.visitcopenhagen.dk/se-og-goer/top-10-attraktioner?galleryitem=nyhavn

Direcciones de interés:

Canal tours
Línea 902
El Diamante Negro, Det kongelige bibliotek
Top 10 atracciones turísticas de Copenhague

De obras en el jardín botánico

Si vas a hacer turismo en Copenhague este verano, tendrás la mala suerte de encontrarte el jardín botánico en plena renovación. Y digo mala suerte porque se trata de una de esas grandes joyas que uno no debe perderse al visitar la ciudad.

El parque fue creado en 1600 y en la actualidad se ha convertido en un oasis de paz en pleno casco urbano. Con sólo unos pasos hacia su interior, se pasa del bullicio ensordecedor del tráfico de Nørreport, a la tranquilidad de un parque paradisíaco, que discurre a orillas de un tranquilo lago, dónde se refleja la fantástica estructura de cristal y metales que conforma el invernadero.

El acceso tanto a los jardines como a la “Casa de las palmeras”, nombre del edificio principal, es gratuito por lo que, de camino a Rosenborg, el castillo dónde se guardan las joyas de la corona, merece la pena tomarse un descanso y dar un paseo por los jardines disfrutando de su quietud y de la belleza de las plantas que alberga.

Desgraciadamente y debido a la renovación, parte de su encanto, sosiego y atmósfera relajante se ha esfumado. Aquí y allá encontrarás escavadoras, vallas metálicas y obreros trabajando. Te toparás con sendas y zonas cerradas y descubrirás que, entre las plantas y flores que confieren belleza al lugar, crecen sin pudor cardos y ortigas. Algunas de estas últimas se asoman a los bordes de los senderos, por lo que deberás caminar con cuidado si no quieres llevarte de souvenir una rozadura que escuece como el demonio.

En mi última visita, junto a las escavadoras y las ortigas, también tuve el placer de disfrutar de los cánticos de un borracho que dormía la mona sobre el césped y las latas de cerveza que él u otros visitantes habían dejado tiradas aquí o allá a pesar de que el jardín está plagado de papeleras.

Todo el conjunto hace que el jardín botánico desluzca y su recorrido no tenga la magia y el encanto que le impregnaban hasta hace muy poco. A pesar de todo, sigo pensando que es una visita imprescindible en la ruta turística por la ciudad. Desafortunadamente, hay que hacerla cerrando los ojos a los detalles más molestos y concentrándose en el paisaje y la visión imponente del invernadero de cristal.

Las obras en el jardín botánico tienen como fecha de finalización septiembre del 2012

Web del jardín Botánico: http://botanik.snm.ku.dk/english