Si vives en Dinamarca y te gusta comer los smarties a puñados, la nocilla a cucharadas soperas y beber cervezas del tamaño de un barrilete, los supermercados fronterizos de Alemania son tu sitio.
En Sønderjylland, la zona del sur de Dinamarca que limita con Alemania, uno de los entretenimientos favoritos del fin de semana es conducir hasta los supermercados alemanes de la frontera. Se trata de grandes naves industriales construidas exclusivamente para que los daneses acudan en masa a comprar cantidades astronómicas de tres productos específicos: bebidas, golosinas y tabaco. Allí no sólo resulta todo más barato sino que el tamaño siempre es gigantesco.

Fuente: Tv2 nyhederne
Nada más llegar al supermercado puedes hacerte una idea de lo que vas a encontrar simplemente echando un vistazo a los carros de la compra. No son las típicas cestas de metal sino que son del tipo que en España utilizas en el LeRoy-Merlín para llevar sacos de cemento o adoquines para construir un caminillo en el jardín; superficies metálicas planas, bien amortiguadas, dispuestas a cargar con grandes pesos.
Los productos estrella que justifican la existencia de estos carros son las latas de cerveza y refrescos. En los cincuenta metros entre el lugar dónde se cogen los carros y la puerta del supermercado ya te habrás cruzado con varias personas que empujan una montaña de pilas de latas que a penas les dejan ver el camino que tienen por delante. Y es que aquí vale la norma del tres por uno. Tres cajas de latas cuestan lo que una en Dinamarca, por eso hay que comprar tantas como el carro aguante o tantas como capacidad tenga el maletero de tu coche.

Fuente: Ekstra bladet
Si por otro lado lo tuyo es el vino o los licores, aquí encontrarás un filón. Botellas de alcohol de todos los tamaños y todos los sabores pueblan las estanterías. Desde el típico akvavit danés al whisky escocés, pasando por licores de todo el mundo como el ouzo griego o el coñac español. Un surtido a precio rebajado al que nadie puede resistirse, un lugar imprescindible al que acudir antes de celebrar una fiesta.
Pero no sólo de alcohol vive el hombre. Estos supermercados son un paraíso para los golosos.
No puedes llegar allí esperando comprar un paquete de chicles o una bolsita de caramelos, tienes que ser un auténtico enamorado de tu golosina favorita porque te verás obligado a comprarla por kilos. La sección de caprichos la componen los botes de plástico de los que hace años ibas comprando unidades a peseta, sacos de caramelos duros, nubes o pastillas de chocolate y chocolatinas que siempre llevan delante la palabra “metro o mega”. ¿Eres capaz de comer un kilo de tronquitos, un saco de nubes o un bote de cinco kilos de Nutella? Si la respuesta es sí, has encontrado tu paraíso.


Al final del recorrido, llegarás a la caja, comprobarás orgulloso que todo te costó un tercio de lo que hubieras pagado en Dinamarca y volverás a casa con varios kilos de golosinas, alguna caja de bombones, un surtido de tabletas de chocolate, latas de refrescos y cervezas suficientes para celebrar las fiestas mayores de un pueblo español de tamaño medio, vino de aquí y de allá de todos los colores, un par de botellas de licor y otras cuatro o cinco para hacerte cubatas, tres sacos de nubes y un hueso gigante para tu perro. No es mal botín para una tarde en Alemania donde todo es más grande y por supuesto, más barato.
Posted in En Castellano, Vivir by Sonia -
Paco Martínez, español, 34 años, estudió informática porque todos le decían que era la profesión del futuro pero la verdad es que ese trabajo nunca le gustó. Después de tres años de tardes de biblioteca y noches sin dormir para sacar adelante las matemáticas que tanto se le atravesaban, terminó la carrera y empezó a trabajar de becario para diferentes empresas, siempre sin sueldo, a veces incluso sin contrato.
Encontró su primer trabajo un par de años más tarde al que se enfrentó lleno de emoción y nerviosismo. En la empresa casi todos eran jóvenes como él y le prometieron que en poco tiempo podría ser jefe de proyecto, si se esforzaba. Trabajó duro a pesar de la competencia, no siempre leal, con los compañeros y de los gritos de jefe, el no demasiado competente, recién ascendido, hijo de un político local, pero a los 7 meses fue despedido porque gracias a una subvención del gobierno para la contratación de parados de larga duración, su puesto podía cubrirse con un trabajador más barato.
A partir de ahí se sucedieron diversas empresas, más o menos parecidas a la primera, diferentes tipos de jefe más o menos autoritarios, explotadores o comprometidos, periodos de desempleo, una gran colección de cursos del INEM y una resistencia, escepticismo y resignación a prueba de bombas.
Hace tres años alguien le dijo que lo que necesitaba era un master, “todas las empresas lo piden”. Consiguió un préstamo personal de su caja de ahorros, sus padres le ayudaron con algún dinerillo que tenían guardado para “por si acaso” y se apuntó a un master de “Gestión de redes y sistemas de comunicación para grandes corporaciones en el inicio de la revolución tecnológica”. Nunca estuvo muy seguro de que todo aquello sirviera para algo pero al menos quedaba bien en el curriculum y por fin tenía ese master que piden “todas” las empresas.

Allí conoció a María Martín, su novia. Llevan saliendo desde entonces y hace un año se fueron a vivir juntos. Llevaban meses hablando de ello pero esperaban el momento en que los dos se encontraran en un trabajo más o menos seguro. Paco, con 33 años, se mudaba por primera vez de casa de sus padres temiendo que echaría de menos los guisos de mamá y triste por tener que empezar a planchar su propia ropa.
Paco y María quieren tener hijos pero de momento se ha quedado en una ilusión para el futuro. María teme perder el trabajo si se queda embarazada y no pueden vivir con un solo sueldo. Algunas noches da vueltas en la cama con el miedo a que “se le pase el arroz” pero se consuela pensando en todas las mujeres que tienen su primer hijo en torno a la cuarentena.
María y Paco son felices, tienen grandes amigos y una familia que les apoya. Están hartos de su trabajo, de sus respectivos jefes, pero callan y aguantan porque “la cosa está mal” y deberían estar agradecidos sólo por el hecho de tener trabajo. A veces sienten que “no tienen vida” porque echan demasiadas horas y porque se está convirtiendo en una costumbre que su jefe les llame los sábados. No sueñan con recibir compensación alguna por las horas extra pero se conformarían con no recibir una bronca el día que tienen que salir para ir al médico o resolver algún asunto en el banco. Sueñan con un trabajo mejor, con un ascenso, con un futuro en el que puedan comprar una casa que se llenará con la risa de los dos nenes que les gustaría tener pero, con el paso los días, van viendo como la luz de su esperanza se vuelve más tenue.
Anders Sørensen, danés, 34 años, estudió Recursos Humanos porque pensaba que tenía don de gentes y que las carreras de carácter empresarial eran las de mayor salida. En tres años consiguió su bachelor y decidió no continuar con la licenciatura porque tenerla no era decisivo a la hora de encontrar trabajo.
Al acabar consiguió un puesto en el departamento de Recursos Humanos de una gran corporación, allí estuvo durante un año, tiempo suficiente para descubrir que no era lo suyo. Demasiado papeleo, un trabajo más rutinario de lo que había esperado, no le motivaba lo suficiente, en definitiva, se aburría. Por eso, decidió volver a la universidad para estudiar márketing mientras disfrutaba de una subvención que le llegaba para mantenerse. Tres años más tarde estaba preparado para iniciar su vida en lo que le parecía una nueva y apasionante profesión.
Encontró trabajo en una nueva ciudad en el departamento de marketing de una pequeña empresa de muebles, alquiló un bonito apartamento y se sumergió con confianza en lo que sería el inicio de su carrera profesional.

Fuente: dinepenge.dk
Un buen día, un año después, sus jefes le hablaron de los planes para empezar a exportar a Alemania y le hicieron saber que sería muy deseable que su nivel de alemán estuviera a la altura del nuevo reto. Para ello le propusieron proporcionarle algunas clases a lo que Anders aceptó con cierta desgana ya que tendría que asistir una vez por semana al terminar su jornada laboral. Él lo recuerda como un cúmulo de tardes aburridas teniendo que volver a repasar la compleja gramática germana que tanto odiaba en el instituto pero gracias a ello, hoy en día, habla el idioma de forma fluida lo que le ha sido de gran ayuda a la hora de desempeñar sus funciones.
Dos años más tarde, cuando el jefe de Anders se jubiló, le ofrecieron sustituirle y convertirse en el nuevo jefe de departamento. Sus superiores estaban muy satisfechos del trabajo que había desempeñado en la empresa y le consideraban el candidato ideal para cubrir el puesto. Como ayuda para la integración en su nuevo rol, le pagaron un curso de liderazgo, al que tuvo que asistir cada sábado por la mañana durante dos meses, pero el sacrificio merecía la pena. El aumento de sueldo, la capacidad de decisión y la posibilidad de desarrollar sus ideas con mayor libertad fueron un gran incentivo a la hora de aceptar el puesto.
Por aquel tiempo Anders conoció a Mette. Antes de que se diera cuenta, ya estaban viviendo juntos, el apartamento se les había quedado pequeño y se mudaban a un acogedor chalet con jardín.
Hoy en día tienen dos preciosos niños de cinco y tres años. Anders ya no trabaja en la pequeña empresa de muebles, hace tres años le ofrecieron un puesto en el departamento de marketing de una fábrica de lámparas que gestiona contratos a nivel mundial. Andan mirando una casa más grande porque Mette necesita espacio para su taller, le apasiona la fotografía y le gustaría contar con un espacio para trabajar en ello en paz y tranquilidad.
Anders y Mette son felices, llevan una vida tranquila junto a sus hijos. Les gusta viajar, ir de excursión a la playa o al campo y reunirse con sus amigos. Para el futuro sueñan con montar su propia empresa y comprar una casita en Turquía para veranear y que más tarde les sirva de refugio en la jubilación. Saben que con dedicación y esfuerzo, ahorrando un poquito cada año, lo conseguirán.
La revista Forbes ha publicado la lista de los países más felices de la tierra en la que Dinamarca aparece en primer lugar mientras España lo hace en el puesto 43.
Fuentes:
Forbes: The World’s Happiest Countries
España es uno de los países más infelices de Euripa según el instituto Gallup
Posted in En Castellano, Vivir by Sonia -

Imagen: Jessie Willcox-Smith - Books in Winter
El sistema de bibliotecas
Durante mucho tiempo, la maleta que volvía de España siempre traía un pesado fondo de libros: Novelas, libros de historia, ensayos psicológicos, volúmenes sobre atención al cliente o comunicación corporativa, cuentos… Aunque las ruedas de mi equipaje aún sufre bajo el peso de las lecturas destinadas a los meses por venir, cada vez un poquito menos gracias al fantástico sistema de bibliotecas danés.
Vivo en un pueblecito pequeño, tan pequeño que no se permite el lujo de tener biblioteca, pero la verdad es que no la necesita porque, aún sin ella, tengo a mi disposición cualquier libro que se encuentre en cualquier biblioteca pública danesa. ¿Cómo es posible?
Los catálogos de todas las bibliotecas de Dinamarca están accesibles a través de una única dirección de Internet: www.bibliotek.dk. En su página principal está a disposición del usuario el habitual formulario de búsqueda por autor, título, tema, idioma, formato, etc… Una vez localizado el libro a adquirir en préstamo, con un simple click se obtiene una lista de las bibliotecas que cuentan con dicho volumen entre sus fondos. Si hay suerte, estará disponible en la biblioteca de tu ciudad con lo que se puede reservar e ir a recoger allí. Pero, ¿y si ese ejemplar sólo se encuentra disponible en una ciudad a 300 kilómetros de tu casa? No hay problema, lo reservas igualmente y desde allí lo envían a tu localidad para que puedas ir a recogerlo y disfrutar de él del mismo modo que lo harías con un libro perteneciente a los fondos locales.
¿Y los que vivimos en pueblecitos pequeños, tan pequeños que no se pueden permitir el lujo de tener biblioteca? Para nosotros hay un bibliobus, que viene cada día, donde podemos recoger, entregar y encargar los libros que deseemos.
Todo el servicio es gratuito y no existe ningún límite en la cantidad de libros que puedes tener en préstamo. El paraíso para los lectores compulsivos que no sabemos dormir sin nuestra ración diaria de historias y vidas ajenas, de evasión a otros mundos, de relatos llenos de magia, poesía, belleza o realismo desgarrador que nos hacen pensar o nos ayudan a soñar.
Posted in CEMCUDD, En Castellano, Vivir by Sonia -
Escribir a un político y que conteste.
Ostentar un cargo público ni te sitúa más allá del bien y del mal ni te convierte en una divinidad que se encuentra por encima del común de los mortales. La política debería tratar del servicio al pueblo, de buscar las soluciones que hagan la vida mejor para todos los ciudadanos. Cuando eres elegido como concejal, alcalde, ministro o presidente te llega el turno de trabajar para toda la población y especialmente para aquellos que depositaron su confianza en ti, otorgándote su voto. Si bien algunos han olvidado la esencia de la democracia y su único objetivo es alcanzar el poder y favorecer a todos los que les ayudaron en esta tarea, hay otros que todavía están interesados en construir un mundo mejor para todos, una sociedad igualitaria y un futuro de prosperidad en la medida de lo posible. Estos además no olvidan para quién trabajan, a quién representan, que su esfuerzo diario es por y para la ciudadanía. Estos elegidos no son diosecillos subidos a un pedestal que esperan reverencias profundas y agradecimientos por las migajas que arrojan de sus manos, son seres cercanos que gustan de oír ideas, propuestas, críticas e historias que les inspiren para mejorar la sociedad en la que están implicados como actores con poder de decisión, con la capacidad de conseguir cambios.
Si hay algo completamente ajeno a la mentalidad danesa es la ostentación y el vicio insano de sentirse mejor que los demás. Para muchos aún está en vigor la jantelov que viene a decir que nadie es mejor que nadie. Así muchos de los políticos daneses son ciudadanos que en un momento dado se comprometen con el trabajo público en algún área en el que creen que es necesario introducir cambios, dónde piensan que pueden prestar sus servicios: sanidad, inmigración, impuestos, igualdad de oportunidades…
He escrito mi primera carta a uno de estos políticos, bueno, una versión modernizada, un mensaje a través de Facebook y como hace toda persona educada, me ha respondido. Estuve en un panel de debate titulado “Qué pueden hacer los políticos por los extranjeros con formación universitaria” (Hvad kan politikere gøre for højtuddannede nydanskere?) y quedé favorablemente impresionada por la intervención de Heidi Wang, concejal del Ayuntamiento de Copenhague por el partido de derechas Venstre. Tanto que decidí escribirle contándole mis impresiones. Cual no sería mi sorpresa cuando rápidamente recibí un mensaje de vuelta, tan amable como agradecido, educado, simpático y lo suficientemente largo como para no sonar a respuesta automática de ordenador.
Pero Heidi no es la única que se toma la molestia de responder a las cartas que recibe en relación a su cargo en el ayuntamiento. Hace pocos días leía en El País un artículo sobre Vanessa Oliveira, a la que conozco personalmente, dónde se contaba cómo había escrito una carta sobre su situación en Dinamarca al anterior primer ministro danés y hoy Secretario General de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y este no sólo le respondió sino que le ofreció alternativas de carácter público para mejorar su estancia.
Si bien, no soy de las que recorren Internet para buscar blogs, foros y páginas web dónde criticar y felicitar a nuestros queridos políticos, me gusta saber que si alguna vez tengo algo que decir, hay vías de comunicación abiertas con aquellos a los que voté para que tomaran las decisiones en mi nombre, que no habitan en una esfera superior sino que, como todos, están a un click en Facebook.
No hay duda, echaré de menos escribir a un político y que me responda el día que deje Dinamarca.
Enlaces de interés:
Por si alguien tiene curiosidad por conocerla: http://www.heidiwang.dk
Vanessa Oliveira en El País: http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Ponga/mentora/vida/elpepusocdmg/20091101elpdmgrep_10/Tes?print=1
Posted in CEMCUDD, En Castellano, Vivir by Sonia -
Sigo jugando a la lotería y rezando a San Pancracio, el santo que se encarga de que no falte trabajo en una casa, para que o me toque un bote de los gordos o el desempleo baje hasta el 10% y así volver a mi España querida. Personalmente, prefiero ser la agraciada de un buen euromillones, pero si al menos el panorama laboral mejorase hasta el punto de que ya no sea una quimera encontrar un trabajo con un sueldo que te permita vivir lejos de casa de los padres, me sentiría con ánimos de abandonar mi estatus de emigrante en tierra de vikingos y volver a ser yo misma entre los míos. No es que aquí se esté mal, pero digamos que los extranjeros no somos precisamente bienvenidos y que cada vez veo más claro que este es un maravilloso país… para los daneses. Por eso no puedo evitar que en mi mente se cuele a menudo la idea de volver a casa, con los míos. Supongo que me he cansado de ser primero inmigrante y luego persona y que cualquier rasgo de lo que soy, de lo que valgo o de lo que puedo o no puedo lleve delante la palabra inmigrante o cualquiera de sus más o menos políticamente correctos sinónimos (indvandrer, nydansker, udlænding, perker).

Fuente:ciudadesdeeuropa.net
Pero cuando fantaseo y me veo de vuelta en España, este país me guiña un ojo, me deslumbra con un rayo de sol y me enseña con una sonrisa esos detalles que hacen maravillosa esta tierra y pienso: “esto lo echaré de menos el día que deje Dinamarca”. Por eso he decidido hacer una lista que iré poniendo en el blog de vez en cuando, una lista de todo lo bueno de por aquí, las cosas sencillas, los pequeños detalles que hacen este país tan especial.
Cosas que echaré de menos cuando deje Dinamarca (CEMCUDD):
1. La puntualidad de los autobuses y la amabilidad de sus conductores.
Al comenzar a vivir en Dinamarca siempre estaba 10 minutos antes en la parada del autobús. Muerta de frío, con las manos enguantadas en los bolsillos e intentando calarme el gorro de lana hasta que me tapaba las orejas, miraba a un lado y otro de la calle esperando ver la mole blanca del coche de línea. Un vistazo arriba de la calle, una ojeada al reloj, un vistazo abajo de la calle, vuelta al reloj. Según se acercaba la hora iba pensando que quizás el autobús había llegado antes de tiempo y que ya se habría ido. ¿Sería posible que lo hubiera perdido? De hecho, estaba sola en la parada. De repente comenzaban a llegar el resto de pasajeros, miraba el reloj, el autobús debería llegar en dos minutos. ¡Y ahí estaba! El destello blanco del bus girando para enfilar hacia la parada, absolutamente puntual.
Dejé de ir 10 minutos antes, ahora voy dos, para asegurarme de que llego a tiempo. A veces, la gran caja blanca ya me está esperando. El conductor mira la hora mientras mantiene la puerta abierta para que todos vayamos subiendo y puntual, arranca hacia su destino.
He cogido la misma línea, hacia el mismo destino, varios días a la semana durante meses. Poco a poco he ido conociendo a todos los conductores. Mi favorito es el charlatán. Siempre encuentra un compañero de tertulia que haga el recorrido de su ruta más ameno. Discute de lo divino y lo humano, siempre sonriente, siempre de buen humor. Genera conversaciones que duran lo que dura un billete, conversaciones que renacen y mutan con cada nuevo pasajero de humor para unos minutos de charla. Le gusta saludar a toques de claxon a las personas que conoce al cruzarse con ellos por los pueblos. Conoce a sus habituales, los atiende con simpatía, sabe dónde suben, dónde bajan…
Un día me apeé un pueblo antes del mío y al día siguiente me dijo:
- ¿Qué pasó ayer? ¿Te bajaste un pueblo antes?
- Sí… yo me baje en… – contesté confusa.
- ¡La próxima vez tienes que decírmelo! Cuando llegamos a tu pueblo pensé que te habrías quedado dormida porque no te bajaste, así que recorrí el autobús buscándote.

Fuente: busbilleder.dk
Otro de mis favoritos es la conductora gordita. No sólo es su buen humor y su sonrisa, aunque ambas se agradecen en las mañanas frías, muy muy temprano, cuando el cuerpo te recuerda que el café no estaba lo suficientemente cargado para soportar la madrugada y el mal tiempo, es que tiene la amabilidad de sacarme de mi ensimismamiento cuando me quedo leyendo en la parada y no me doy cuenta de que el autobús ya está allí. Sino fuera por ella, me habría quedado en tierra en más de una ocasión.
Hace poco, cuando pasaba unos días en otra zona de Dinamarca, llegué tarde a coger el bus. Vi como me adelantaba calle abajo y comencé a correr. Corría mirando el reloj, sabiendo que era tarde, que lo iba a perder, pero confiaba en la misericordia del conductor, que se apiadara de mí, me esperara y me dejara subir. Interiormente, sin embargo, estaba convencida de que iba a ver como las puertas se cerraban justo cuando me faltaran dos pasos para alcanzarlas, que todo terminaría con el autobús sobrepasándome mientras el conductor me miraba con una sonrisa pícara, de satisfacción malvada.
Sin resuello, llegué aún con las puertas abiertas, subí los dos peldaños de entrada y saqué el bonobús. ¡No funcionaba! Malditas máquinas del infierno. ¡Lo que me faltaba! Miré con consternación al conductor, segura de que esto sería el colmo de su paciencia, y esperando alguna frase sarcástica cargada con una regañina encubierta. Nada más lejos, se levantó del volante, vino a la máquina, hizo unas bromas y tras varios intentos y sucesivos estiramientos del cartoncillo, consiguió que funcionara, con lo que pudimos, por fin, emprender la marcha, sin reproches.
Echaré de menos los autobuses y sus amables conductores el día que deje Dinamarca.
Posted in CEMCUDD, En Castellano, Vivir by Sonia -
¿Recuerdas el barco en el que vivía Sonny Crockett en “Corrupción en Miami”, aquel custodiado por un Caimán? Si desde entonces has deseado tener una casa-barco, tu deseo puede cumplirse en Dinamarca.
/husbaad.jpg)
Fuente: Feriepartner
A lo largo de la costa danesa, en los fiordos e incluso en el mismo Copenhague, se han construido algunos vecindarios de casas-barco ancladas en la orilla del mar. Se trata de chalet flotantes que en la mayoría de los casos no están hechos para navegar pero que te permitirán una vida mecido por las olas del mar. Cada mañana despertarás con el
horizonte anaranjado de la salida del sol y cada tarde disfrutarás de entradas de primera fila a los más bellos atardeceres.

Casa barco en Bork Havn
El susurro de las olas acompañará tus sueños y en verano, tu terraza será el trampolín desde el que saltar a las cálidas aguas del océano.
Tu sueño sólo puede truncarse por el vil dinero, una casa barco cuesta entre 320.000€ y 486.000€
Posted in En Castellano, Vivir by Sonia -