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Si algo me resultó difícil a mi llegada a Dinamarca fue conocer y poner en práctica las normal sociales imperantes; saber qué decir o qué hacer y hacerlo o decirlo en el momento adecuado, para poder presentarme como una persona educada, atenta y respetuosa con los demás. Al llegar aquí descubres que, aunque supieras comportarte con corrección en tu país de origen, las normas sociales pueden tener matices o variaciones en Dinamarca, que si son ignoradas, te harán quedar como un patán desconsiderado o un maleducado.

høflighed

Hace tiempo bromeaba diciendo que en Dinamarca cuesta 15 minutos despedirse en una conversación que sólo había tomado cinco. La retahíla de los gracias, los da recuerdos a, los fue agradable hablar contigo, etc, se me antojaba larguísima, laboriosa y sin duda complicada.

En este país es imprescindible recordar cada una de las ocasiones y momentos en los que es necesario dar las gracias: Gracias por lo último hecho, compartido (Tak for sidst); Gracias por tu visita (tak for besøget), Gracias por la comida (tak for mad) etc. Siempre se envía un abrazo o un saludo a la pareja, los hijos, los conocidos… Las cosas se piden siempre por favor (må jeg bede om…), incluso en los ambientes más relajados o familiares, y se felicita no sólo a los que celebran un cumpleaños o la confirmación, sino también a los padres de estos en contrapartida o al cónyuge del que cumple años. Al llegar o al abandonar una fiesta se saluda a cada uno de los participantes y no puedes irte sin dar las gracias al anfitrión y expresarle lo agradable que ha sido ese rato en su compañía. A las visitas se las recibe siempre con un “bienvenidos” y se las despide con un “gracias por la visita” y un “buen viaje de vuelta”. Y esto por citar solo algunos ejemplos de lo que se espera de una persona de bien con buena educación.

En España por el contrario los gracias y los por favor están cayendo más y más en desuso, algunos incluso dirán que nos estamos volviendo unos maleducados. En los ambientes familiares incluso han sido completamente desterrados y más de uno se quedaría patidifuso si oyera al jefe darle las gracias por algo. El “por favor” podemos empezar a considerarlo una especie en peligro de extinción, algún camarero me ha mirado con ojos como platos al pedir un café acompañado de dicha palabra, pero afortunadamente aún nos atrevemos a dar las gracias de vez en cuando.

mas-amor-por-favor
La fórmula de cortesía por excelencia durante muchos años ha sido “el usted” que cada vez empleamos menos. Lo dejamos reservado para quién nos parece muy mayor y a quién no tenemos confianza o para la primera vez que nos encontramos ante un jefe, un profesor u otra figura de autoridad. La policía todavía nos llama de usted, cuando no están dando porrazos, algún que otro profesor decide voluntariamente utilizar esta fórmula con sus alumnos y las teleoperadoras son instruidas en su manejo, aunque a veces son capaces de esgrimirlo con un deje de desprecio y “no me toques más las narices” digno de admiración, pero podríamos decir que el tuteo se ha generalizado.

Atrás quedaron los tiempos en los que no estaba permitido apearse del usted que se empleaba incluso de hijos a padres y representaba todo un símbolo de aceptación el que nos permitieran utilizar el tuteo. Las figuras de autoridad siempre y por siempre eran tratadas de usted: el jefe, el sereno, el policía, el cartero… Los mayores y los vecinos, de usted también, y eran Don tal y don cual, doña señora de tal y Señor esto y lo otro. Y te ponías a su servicio y a su disposición, su “de usted”, por supuesto. Por aquel entonces las gracias, los por favor y los recuerdos a su señora también en España eran de obligado cumplimiento.

Y siento que de aquel entonces, de los tiempos del señor bajito con bigote, se nos quedó cierto sabor a servilismo en la punta de las fórmulas de cortesía, de ese agachamiento de cabeza que acompañaba al usted y de esa deferencia hacia un inferior que venía con el permiso del tuteo. Y por eso, ahora que el señor bajito ya no está, nos hemos desprendido de ello, nos lo hemos sacudido. Algunos padres olvidaron enseñarlo, en parte porque les parecía un demasiado su uso en el hogar, allí donde estamos en familia. Porque en familia no hacen falta esas cosas y para sentirse en casa hay que tener confianza. La confianza parece estar reñida con los usted, los por favor y los gracias oficiales.

Así poco a poco nos hemos pasado al otro extremo, a una cierta descortesía que escuece cuando no te piden las cosas con educación y respeto o cuando una vez más olvidan un gracias de esos que sientan tan bien después de un esfuerzo, un gracias que te mereces. ¿No es de bien nacidos el ser agradecidos?

PORFAVOR
Sin embargo ahora he sabido que a mi sobrinita le han dicho en el cole que tiene que aprender a pedir las cosas por favor y dar las gracias. Toda la familia estamos haciendo un esfuerzo para pedirnos el pan por favor en la mesa  y devolver un gracias al que te lo acerca. A mí ya casi, casi me sale natural después de un duro entrenamiento en los gracias, regracias, por favores y ¡qué tarde más agradable hemos pasado juntos! daneses.

Saludos a la familia y que pasen ustedes un buen día.

Árbol de chupetes – Suttetræ

Todos los niños que encontraron la calma en un chupete, que lo convirtieron en su fiel compañero de batallas, han tenido que pasar por el mal trago de separarse de él. Quizás la mayoría no lo recuerda pero muchos padres podrían hablar largo y tendido sobre los mil trucos, artimañas o maneras que utilizaron en ese señalado instante de la infancia: el día en que hay que decir adiós al chupete.

En Dinamarca existe una dulce tradición para superar tan duro trámite de una forma suave: los árboles de chupetes – suttetraer.

Una vez pasada la fase previa de convencimiento, en la que aseguramos al pequeño que ya es todo un hombrecito, o mujercita, y que ya no necesita cosas de bebé como el chupe, cuando por fin parece que el pequeño está listo para abandonar a su pequeño amiguito, toda la familia se dirige al bosque o a un parque cercano y allí, en un árbol que otros muchos niños han utilizado antes, en un auténtico árbol de chupetes, el nene colgará el suyo, diciéndole adiós para siempre. Es un trámite irreversible porque a partir de ese momento el árbol toma para sí mismo ese pequeño símbolo de la etapa de bebé y ya no se puede recuperar.

Algunos niños cuelgan los chupetes junto a dibujos, cartas, notas explicativas o pequeños juguetes asociados a ese período que se deja atrás. En el árbol de chupetes del parque de Frederiksberg se podía leer dentro de un gran corazón azul de cartulina:

“Querido árbol de chupetes: ¡Ahora ya soy una niña grande! Por eso os digo adiós. Habéis sido buenos pero ahora ya me las puedo apañar sin vosotros. Saludos cariñosos, Liva.”

Como papá o mamá quizás te preguntas, ¿y porqué un árbol? La costumbre es bastante nueva, de aproximadamente unos 30 años, y no sabría decirte de dónde ha llegado pero el hecho de que se trate de un árbol no es casual. Las tradiciones nórdicas más antiguas están íntimamente ligadas con la naturaleza y especialmente con los árboles.

El centro del universo según la mitología nórdica es un fresno inmenso, el Yggdrasil, el árbol de la vida, cuyas raíces se hunden en el inframundo y su copa llega hasta el cielo. Existe además una creencia ancestral en los árboles curativos, aquellos que pueden hacerse cargo de nuestras enfermedades. Según la leyenda, los árboles capaces de sanar eran aquellos en los que sus ramas habían crecido juntas formando un círculo cerrado de tamaño suficiente para que una persona pueda pasar a través de él. Los enfermos o sus familiares recorrían grandes distancias para llegar hasta ellos y se cuenta que algunos tenían las ramas completamente pulidas de la cantidad de peticionarios que pasaban a través de ellas.

Para mí no hubo árbol de chupetes, sólo unas charlas metódicas de mi padre avisando que el día de mi futuro cumpleaños sería el último con chupete porque ese día me hacía mayor. Creo que hubiera sido mucho más bonito poder acercarme a un gran árbol de chupetes como el de Frederiksberg y sentirme arropada por todos esos niños, que como yo, habían sido capaces de decir adiós a su chupete y convertirse así en nenes mayores.

Fuentes:

http://da.wikipedia.org/wiki/Yggdrasil
http://www.denstoredanske.dk/Kunst_og_kultur/Religion_og_mystik/Nordiske_guder/Yggdrasil
http://www.dn.dk/Default.aspx?ID=8733